Mitos Atlánticos

Portada del libro «Mitos Atlánticos» de Ulises Martín

Para los antiguos griegos la palabra muthos significaba simple – mente “relato”, narración, una historia, el argumento de una obra de teatro. Y en esta definición cabían tanto historias de dioses como relatos sobre héroes e, incluso, simples mortales, que el paso del tiempo acabó por convertir en personajes legen – darios. Por eso el mito es la explicación más antigua del mundo. A las genealogías insulares las ennoblece casi siempre un antepasado legendario. Cuando las islas no son hijas de Atlas son hijas de Océano y si no fueron pobladas por las Gorgonas es que fueron morada de ninfas nacidas de la Noche y el Erebo. Píndaro habla de una Isla de los Bienaventurados donde residen las almas justas después de la muerte y Sertorio soñó con retirarse a unas islas atlánticas, situadas todavía a medio camino entre la historia y la leyenda. Los mitos insulares han operado siempre como un estímulo, un anhelo, un desafío y en ocasiones como un señuelo que ejerce su influencia, no ya sobre los marinos que surcan el océano, sino sobre la humanidad entera. Así, la isla mítica por antonomasia en la tradición canaria es la Non Trubada, la Inacce – sible, la Encantada y Misteriosa Isla de San Borondón. Los antiguos canarios desarrollaron una cultura mítico-religiosa en la que no faltaron principios cosmogónicos referidos a la creación del mundo y a los seres superiores. Con la llegada de los primeros navegantes europeos, la memoria colectiva se enrique – ce con nuevos mitos y personajes de leyenda. Es el caso, entre otros, de Iko, Lancelloto Mallocello, el herreño Jacomar, el Príncipe de la Fortuna o la gomera Ana Sánchez, de cuyas peripe – cias se da cuenta en estas páginas.

Editorial: Baile del Sol